CONCURSO DE FOTOGRAFÍA
VIII PREMIO LOLI IZAGA
Ecos en la ciudad
|
En las mañanas frías, cuando la ciudad apenas despierta y los comercios
levantan sus persianas con desgana, ya hay alguien afinando una
guitarra en la esquina. No tiene escenario ni telón, pero su pequeño
rincón de la acera se convierte en un teatro improvisado donde cada
transeúnte es un espectador fugaz.
A veces es un violonchelista que cierra los ojos mientras toca,
como si la melodía lo llevara lejos del ruido de los coches. Otras
veces, un acordeonista deja que el eco de su instrumento se
mezcle con el murmullo del tráfico, creando una armonía inesperada entre
lo humano y lo urbano.
El maestro chino que toca el Urhu, absorto, sin esperar
nada a cambio salvo una sonrisa agradecida del peatón que le observa. O
el boliviano con su doble instrumento, ausente del mundo que le rodea.
distribuyendo sus notas entre la Zampoña y la Quena.
Y el Sitar,
con su sonido delicado y brillante
en las manos, los oídos y la mente de un gran maestro hindú, emulado por
el grupo de los Beatles con su canción “Norwegian
Wood”,
en la que lo tocaba el guitarrista
George
Harrison.
Los músicos callejeros conocen la ciudad mejor que nadie: saben qué
calles devuelven mejor el sonido, qué plazas guardan silencio al caer la
tarde, qué estaciones de metro esconden un público más atento. Tocan por
necesidad, por pasión o por costumbre, pero siempre con la certeza de
que, aunque la gente pase deprisa, alguien —aunque sea uno solo— se
detendrá un instante a escuchar. |
![]() |
![]() |
![]() |
| Tocando el acordeón | Tocando el sitar | Tocando el urhu |
![]() |
![]() |
|
| Tocando el violonchelo | Tocando la zampoña y la quena |
Pincha sobre las fotos para verlas en tamaño original